30 sept. 2009


Mientras los duendecillos corren a jugar con el viento, la pequeña libélula se queda en el hueco de un tronco tocando su pequeña arpa, despidiéndose agradecida por haberle curado sus alitas.
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Ella se siente segura en ese lugar, pero adora ir a volar y entiende por qué Zibuky y Sinamoon han dejado su seguro refugio de la corteza del árbol para ir a conocer otros mundos y espera que la magia de su hada protectora los acompañe en sus aventuras.
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Los cielos parecen un pedazo del océano azul brillante y gigantesco. Sinamoon se siente feliz, siempre quiso ser un ave para volar por los cielos, porque a pesar de que es un duendecillo con pequeñas alas transparentes y una hermosa cola de flores y mariposas, no puede volar demasiado alto porque el viento lo tumbaría!
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De repente, una ráfaga de aire le arranca su sombrero rojo a Zibuky y adentro van las cajitas mágicas!!!! hay que rescatarlas, grita a todo pulmón! entonces los alados azules empiezan a caer en picada para alcanzar el sombrero rojo que lleva un tesoro de magia escondido!
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Casi lo tengo, grita Sinamoon estirando su manita dorada tratando de alcanzar el sombrero y cuando está a punto de caer en el suelo y estrellarse con las piedras, Sinamoon alcanza el sombrero con la punta de sus deditos y grita como un loco de felicidad, LO TENGO!! LO TENGO!!!
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Todos se echan a reir al ver a Sinamoon brincando como un grillo porque se sentía todo un héroe al alcanzar sus preciados tesoros!
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