30 sept. 2009


Luego de reposar unos momentos y que los alados azules bebieran del riachuelo, ambos duendecillos se suben sobre sus suaves alas y dispuestos a recuperar su sombrero rojo con sus cajitas mágicas, se dirigen hacia las faldas de los riscos, al pie de la terrible ciudad de los cuervos.
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La tarde ha empezado a caer... será mejor dice Zibuky porque podremos escondernos en las sombras, pero sin nuestras cajitas mágicas no podremos sobrevivir en la tierra de los vivientes y tendríamos que regresar a la corteza de nuestro árbol sin haber conocido el mundo, porque solamente una vez se emprende este viaje lejos de la ciudad de los ensueños donde vivimos.
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Los alados azules los dejan sobre una piedra y levantan vuelo, de allí en adelante los duendecillos deberán cuidarse solos.
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Empieza la dura escalada hacia la cima de la ciudad de los cuervos donde sin duda estarán sus cajitas mágicas. Conforme van subiendo más, se escucha ese aleteo constante y tenebroso de los cuervos que tienen unos picos tan duros que partirían en dos a Zibuky y Sinamoon si los llegaran a encontrar.
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- Estoy cansado dice el más pequeño de los duendes y tengo sed. Zibuky saca de su pequeño bolsillo un pétalo lleno de rocío y se lo da a beber a Sinamoon que recobra sus fuerzas inmediatamente.
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- Vamossss le dice y apúrate le grita con su frágil vocecita

- Shhhhhhhhhhh le dice Zibuky ¿quieres despertarlos a todos?
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Sinamoon se hace una pequeña bolita y se esconde cerca de Zibuky. Este le explica que cuanto más cerca están de la cima, menos ruido pueden hacer para no ser descubiertos y el pequeño parlanchín de Sinamoon se tiene que morder la lengua para no hablar!
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En eso, se escuchan unos fuertes aleteos y extraños sonidos... si, se están acercando...

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